23 dic 2014

Epilogo

- Sebastián. – Dije corriendo hacía él.
- ¿Qué sucede, amor?
- Te tengo una buena noticia. – sonreí. – Es más bien una sorpresa.
- Pues dime que me matas de la intriga. – Dijo ansioso.
- Mira lo que tengo aquí. – Dije mostrándole lo que traía detrás de mí.
- Esto es un… - Pausó. - ¡Oh por Dios! Un test de embarazo. – Dijo sorprendido.
- Si, y mira lo que salió.
- Positivo. – Susurró con unas cuantas lágrimas sobre sus ojos. – Vamos a…
- Tendremos un Sebastiancito. – Sonreí con ternura.

  Sebas inmediatamente me alzó y comenzó a elevarme por los aires mientras giraba.

- Es el días más feliz de mi vida... – Dijo besándome por entero. – Ven. – me alzó en sus brazos.
- A dónde vamos…
- Voy a subir contigo a nuestra habitación. – Dijo entrando a la casa. – Voy a recostarte en la cama y voy a conversar con mi futuro hijo…
- Estevanez estás loco. – Reí.
- Si, muy loco. Pero te amo. – besó cortamente mis labios.
- Yo te amo más… - dije entre besos.
  Cuando llegamos a nuestra cama, se puso a la atura de mi panza y comenzó a hablarle:
“Hola bebe lindo o linda, ¿como estas? Acá con tu mamá ya estamos emocionados por conocerte, por mirarte, por enseñarte cosas

Capitulo 27

- No, es mentira… - Dije rápidamente. – Él está conmigo, lo siento en mi interior.
- Carina. – tomó mis mejillas. – Él murió.
-NOOOOOOOOOOO. – grité mientras me arrancaba los cables.
- Carina cálmate. – dijo abrazándome.
- Mi hijo… - Dije llorando desconsoladamente…


  Los médicos entraron y me inyectaron un calmante que en pocos segundos hizo efecto.
  Cuando desperté Sebas estaba a mi lado, me había dicho que ya había extraído al feto y que en un día podía ir a casa. Pero yo estaba destrozada… Nunca se puede comparar el dolor de una madre al perder un hijo, menos aún cuando ese bebé aún sigue dentro de tu interior… Ese ser que aún no llegaste a conocer, pero desde el primer momento le brindas amor y cariño.
  Pasó ese día y Sebas y yo volvimos a casa.
  Nadie tocó ese tema, sólo tratábamos de seguir con nuestras vidas normalmente aunque el dolor aún estaba presente.

***

  Dos años después de aquel fatídico día por primera vez me animaba a tener relaciones con Sebas dispuesta rehacer mi vida. Realmente fue sumamente difícil, después de tener a ese bebe lindo dentro mi panza, como iba a seguir, eso pensé durante estos dos años. Pero la vida tiene que seguir.
  Las cosas que pasan siempre sirven de algo, siempre uno aprende de ellas, por más malas y trágicas que sean, por más que sufra y duela, la vida sigue y yo tengo que seguir con este dolor.
  Lo que siempre admiré de esta historia es que a pesar de todo lo que sufrí o las situaciones malas que pasaron, mi único y primer amor siempre estuvo allí conmigo, soportando todo lo que yo pasé, soportando mis cambios de humos, soportando mis llantos, soportando mis locuras, soportando todo, hasta fingiendo que no dolía está perdida, se que él sufrió, se que él a veces lloraba en el baño para que yo no me entere, se que muchas veces se oculto ese sufrimiento y creo que lo peor y lo que más le costaba era fingir, pero yo no podía hacer nada, porque cada vez que lo hacía aflojar él se escapaba.
  Como todas parejas tuvimos alegrías, tristezas, enojos, peleas, pero después de todo siempre estuvimos juntos… amándonos con locura, era tanta la locura que hasta de agentes encubiertos estuvimos juntos, nuestro amor tuvo que superar muchas barreras, pero como dicen “el amor supera todo” y sin dudas en esta historia nuestro amor supero todas las barrera puestas.

3 dic 2014

Capitulo 26

  Un ruido se escuchó afuera lo que hizo que se detuviera antes de tocar mi ropa interior.

- Quédate callada y en silencio.

  Lo único que hice fue asentir y cuando él se giró para espiar por una grieta tomé la navaja que había tirado y la escondí.
 
- ¡Es Estevanez! ¿Cómo supo que estabas aquí? – Dijo volviendo a mi enfurecido. – Tú le dijiste. – Me abofeteó tirándome al suelo.
- Yo no le dije nada, con qué quieres que le avise- Dije limpiando mi labio inferior.
- A mi no me engañes.
- Te digo la verdad.

  Fue ahí cuando sentí una fuerte patada en mi estómago. El muy desgraciado me había golpeado el vientre y un fuerte dolor comenzó a apoderarse de mí.

- IDIOTA. – grité con lágrimas en los ojos. – Esta me las vas a pagar

  Tomé todas las fuerzas posibles y le clavé la navaja en su pierna derecha haciendo que este cayera por el dolor.
  Me acerqué al él como pude y traté de clavarle otro puñal en el pecho pero este tomó mi mano justo antes de hacerlo.

- No me mataras tan fácil muñeca. – Dijo venciéndome y posicionándose arriba mío para hacer lo que yo iba a hacer con él. – Debiste haber hecho lo que te ordené desde un principio, ahora no podrás contar esta historia.

  Justo cuando creí que era mi muerte segura, Sebastián y Gabriel entraron por esa puerta y detuvieron a Russo antes de que pudiera clavarme esa navaja.

- Hernán Russo quedas arrestado. – Dijo Gabriel apuntándolo con una pistola mientras le ponía las esposas. Sebastián fue a socorrerme.
- ¿Te encuentras bien? – preguntó tomándome en sus brazos.
- Si, pero el bebé… - Dije a penas.
- ¿Qué pasó?
- Russo me golpeó en el vientre.
- No te preocupes… ¡GABRIEL! Llama a una ambulancia rápido. – Dijo gritando mientras que el me sacaba de ese asqueroso y horrible lugar.
- ¿Cómo me encontraron? – dije cuando él me depositó en el asiento trasero del auto.
- Ivana. – Hizo una mueca.
- Esa desgraciada. – Dije entre dientes.
- No te preocupes ella está donde debe estar…
- Sebastián…
- ¿Si?
- Tengo miedo. – Dije llorando.
- ¿Miedo de qué?
- De perder a nuestro hijo.
- Él está bien. Sólo ten fe.
- Sebastián. – Dijo Gabriel. – La llevaremos nosotros al hospital, la ambulancia tardará en llegar…
-Ok, yo la llevaré al hospital tu ve con Malena y encierra a Russo.

  Sebastián condujo lo más rápido que pudo hasta el hospital, allí me llevaron en una camilla hasta una sala donde había un montón de aparatos.

- Tú solo cierra los ojos. – Dijo una enfermera.

  Le hice caso y luego sentí como me colocaban un montón de aparatos en el vientre y en otros lugares.

***

  Me desperté con un poco de dolor de cabeza. Miré a mi alrededor y estaba en una habitación con una luz tan brillante que apenas podía ver. Giré un poco mi cabeza y pude ver a Sebastián allí a mi lado con su cabeza hacia abajo tomando mi mano.
  Sonreí un poco y luego traté de acariciarlo, pero el más mínimo movimiento hizo que él se levantara de golpe.

- Te despertaste. – Dijo susurrando.
- ¿Qué sucede? ¿Por qué lloras?
- Carina, debo decirte algo. – Dijo acercándose más y tomando más fuerte mi mano.
- ¿Qué pasó? – Dije asustada. - ¿Y mi bebé? – Comencé a llorar.
- Los médicos me dijeron que él era muy chiquito para soportar semejante golpe…. – Dijo con sus mejillas empapadas.

1 dic 2014

Capitulo 25

*Narra Carina.


  Comencé a desesperarme y lo único que me quedaba por hacer era patear la puerta a ver si podía derribarla, pero luego desistí de esa idea ya que le podía hacer mal al bebé.   Volví a un rincón y me senté allí acariciando mi vientre. Preguntándome si este iba a ser mi final o no.
  Sentí el ruido de un auto estacionar y rogaba a Dios que ese fuera Sebastián, pero cuando la puerta se abrió apareció la misma persona que me había traído aquí.

- Lamento la demora cariño. – Dijo cerrando la puerta con llave y guardándosela en uno de sus bolsillos.
- No me llames cariño. – Dije molesta. – Ni si quiera te me acerques, me das asco.
- Vamos linda tú y yo nos vamos a divertir mucho. – Dijo acariciándome el pelo.
- Aléjate. – Le pegué en su mano.
- Escúchame, tú haces lo que yo te digo o tú y tu bebé van a morir en lo que canta un gallo. – Dijo sacando una navaja.
- ¿Cómo sabes que estoy embarazada? – Pregunté sorprendida.
- Te he estado observando por un tiempo…
- Eres un psicópata. – Dije tratando de retroceder pero había llegado al límite de la pared.
- Igual no te preocupes, aún no voy a hacerte nada. Aunque… - Dijo mirándome de arriba a abajo. – Una cosita rápida podemos disfrutar. – Dijo pasando su mano por mi cadera.
- Por favor, no lo hagas. – Dije con unas cuantas lágrimas en los ojos.
- Shhh... No querrás que tu bebé salga lastimado ¿o sí?

  No contesté nada.

- CONTESTA.

  Negué con la cabeza.

- Muy bien, sólo relájate…

  Con su navaja comenzó a cortar mi remara dejándome sólo en corpiño, tiró la navaja a un costado y bajó sus manos hasta el botón de mi pantalón desprendiéndolo y bajándolo.

Capitulo 24

En ese momento el hombre del ojo de vidrio, se lo quitó y pude ver quien realmente era.

- Russo… - Susurré entre dientes.

Si bien Russo tenía unos ojos peculiares (uno celeste y el otro verde) El ojo de vidrio cubría uno de ellos impidiendo ver esa peculiaridad.

- Oh… Que lista eres pequeña Carina.
- No te saldrás con la tuya.

  Cuando paró en un semáforo, aproveché para abrir la puerta del auto y salir corriendo.   Sentí como la puerta del auto se abría y Russo comenzaba a perseguirme gritando cosas.
  Marqué como pude el número de Sebastián.

- ¿Qué sucede amor?
- Sebastián, estoy en peligro. – Dije desesperada metiéndome en un callejón para esconderme.
- ¿Dónde estás?
- No lo sé, pero Russo me intentó secuestrar y ahora me persigue.

  Llegué al final del callejón y me di cuenta que era uno sin salida.

- ¡La puta madre! No tiene salida.
- Carina voy a buscarte, ¿Sabes más o menos dónde estás? – Preguntó Sebastián más que preocupado del otro lado.
- Creo que estoy en Martínez… - Dije tratando de recordar por donde había venido corriendo.
- Estoy ahí en unos minutos.
- No te demores, por favor.
- Aquí estas… - Dijo esa voz tenebrosa.
- Aléjate, no sabes con quien estas tratando.
- Por favor… - Dijo acercándose. – Una lindura como tú ¿tan peligrosa? – Pasó su mano por mi mejilla la cual la quité con asco y traté de hacerle una llave de defensa personal pero fallé ya que él me tomó del pelo y me tapó la boca.
- ¿Qué intentas hacer cariño? – Dijo susurrándome en el oído. – Creo que tú y yo la vamos a pasar genial en mi escondite. – besó mi cuello.

***

  Alrededor de una hora, Russo me bajaba del ese auto para llevarme a las rastras a un lugar que no podía ni si quiera ver ya que me había vendado los ojos.

- Quédate aquí. – Dijo arrojándome a un colchón que estaba tirado en el piso. – Volveré en unos minutos y nos podremos divertir juntos. – Dijo riendo tenebrosamente.

  Cerró la puerta con llave y se fue.
  Rápidamente me paré y traté de buscar mi celular pero no lo tenía, seguramente ese idiota se lo había llevado. Comencé a buscar algo con que abrir esa puerta pero no tenía nada, lo único que me quedaba por hacer era gritar por ayuda.


***

*Narra Sebastián*

Gabriel, Malena y yo buscábamos desesperadamente rastros de Carina.

- Ven, yo se lo advertí. – refunfuñó Gabriel. - ¿Pero Me hace caso? No. Claro que no… Ahora vaya a saber donde la tienen.
- Gabriel, hay algo que no te dijimos. – Dijo Malena.
- ¿Qué?
- Carina está embarazada.

Gabriel frenó el auto bruscamente y se giró a verme con una expresión rara en su rostro.

- Tú y ella van a… a… - Tartamudeó.
- Si, seremos padre. – Sonreí nervioso.
- Seré tío. – Dijo sonriendo con ternura.
- Gabriel, estos nos son momentos de conmoverse hay que encontrar a Carina y salvarla. – Dijo Malena volviéndolo a la realidad.
- Está bien.

  En unos minutos llegamos a Martínez y me bajé rápidamente para comenzar a buscar alguna pista, pero no… nada. NO HABÍA NADA. Comencé a caminar de vuelta al auto cuando sin querer pateé algo. Miré al suelo y era el celular de Carina. Lo tomé.

- Estuvo aquí. – Dije subiendo al auto. – se la llevaron de aquí.
- ¿Cómo haremos para encontrarla? – preguntó Malena.
- Sé quien nos puede llevar a la guarida de Russo.


***
- VAMOS PERRA, DIME DÓNDE LA TIENE. – Dije tomándola por los hombros y gritándole.
- No lo sé, no sé de que hablas. – Dijo con un par de lágrimas en los ojos.
- No hagas que te golpeé. Dime donde la tiene a Carina o juro que o respondo de mí.
- Está bien. Te diré dónde está, pero tengo mis condiciones.
- Dime.
- Cuando la liberen, tú cortaras con ella y le dirás que te enamoraste de mí y nos iremos juntos a Europa.
- ¿Por qué quieres que le diga eso? – Pregunté confundido.
- Porque tengo planes para ti. – pausó. – ¿Aceptas?

  Lo dudé por varios segundos, el plan de Ivana era confuso, igual o pensaba hacer eso…   La chica estaba desquiciada… pero si dejarían a Carina y a mi bebé en paz sería capaz de dar hasta mi vida.

Capitulo 23

- ¿QUÉ HICISTE QUÉ? - preguntó Malena exaltada.
- Ya dije que no fue para lastimar a Cari, yo realmente la amo. - Dije agachando mi cabeza. - Yo sólo fingí interés por Ivana, ella no se compara con Cari.

  Malena me miró con una expresión neutra en el rostro.

- Está bien, te ayudaré. - Dijo tomando sus llaves. - Pero Gabriel no debe enterarse, o te matará. - Dijo apuntándome con el dedo mientras yo solo asentía con la cabeza.

  Llamó a una de las vecinas para que cuidara al pequeño Guille y luego salimos en busca de Carina.


***
*Narra Carina*

  Estaba sentada en la sala de la casa de Anabel... Realmente era agradable.
  Juan estaba trabajando, por lo tanto Ana estaba sola y le venía muy una compañía para pasar la tarde.

- ¿Quieres tomar algo?
- Un té podría ser. - Dije un poco decaída.
- Está bien, vendré en unos minutos. - Se levantó del sofá.

  Miré al suelo tomando mi cabeza entre mis manos, mientras mis codos se apoyaban en mis rodillas. Fue entonces cuando mi celular sonó.

- Hola. - Dije al contestar.
- Carina ¿Dónde estás? - Dijo Malena del otro lado.
- En casa de una amiga.
- ¿Qué amiga?

  Estaba por contestar pero otra voz hablo por el teléfono.

- Carina, amor, escúchame. - Dijo preocupado. - Necesito explicarte lo que pasó. No es lo que piensas.
- Sebastián, por favor. - Dije tomando mi frente. - No estoy en condiciones de seguir escuchando mentiras.
- Pero sí que eres terca, mujer. - Dijo bufando.
- Adiós. - Dije y colgué.

  ¿Para qué seguir escuchándolo? Y encima de todo eso Malena lo ayudaba, qué mentiras le habría dicho a ella también.
  Unas cuantas lágrimas se deslizaron por mis mejillas.

- ¿Carina qué ocurre? - Dijo Ana dejando la taza de té en la mesita que había frente el sofá.
- Es Sebastián. - Dije rompiendo en llanto.
- ¿Quieres contarme lo que sucedió? - se sentó a mi lado.

  La miré por unos segundos y luego le conté lo sucedido, desahogándome completamente.
  En esos momento lo que más necesitaba era alguien que me escuchara.

- Ya Cari, tranquila, las cosas se solucionaran. - Dijo palmeando mi espalda.
- Es que hay algo más que no te dije... - Dije levantando mi rostro y limpiando las lágrimas que caían sin cesar.
- ¿Qué?
- Estoy embarazada.
- Oh por dios. - Dijo llevándose las manos a la boca. - ¿y él lo sabe?
- Si. Bueno eso creo... Supongo que vio los análisis. - Dije encogiéndome de hombros.

  Estaba a punto de decir algo cuando mi celular sonó, era un mensaje...
  Lo abrí y decía:

"Tal vez estés enojada y no quieras escucharme pero al menos lee este mensaje.
Perdóname, no quise lastimarte... sabes muy bien que te amé, te amo y lo seguiré haciendo. Cuando me viste con Ivana eso no era real, yo fingía sentir atracción por ella para desenmascararla. Sí, te creí desde el primer momento... cuando dijiste lo que dijiste de ella supe que era verdad, pero nunca te lo hice saber porque sabía que no era seguro, era mejor que pensaran que yo no sabía nada... esa es toda la historia. Está en ti si quieres creerme o no.
Ah y por cierto, acabas de hacerme el hombre más feliz del mundo. Voy a ser padre.  Te amo."

  Mi pecho se sobresaltó mientras leía cada palabra. Él me había creído y sabía lo basura que era Ivana. Un brillo de esperanza apareció en mis ojos. Todo había sido una trampa para atrapar a esa sucia sabandija.


- ¿Carina estas bien? – preguntó Anabel al ver mi expresión.
- Si, claro que estoy bien. - sonreí. - Creo que es hora de volver a casa, ya es tarde.
- ¿Segura? No tengo problemas en que te quedes.
- No, está bien. Gracias. - dije abrazándola. - Por cierto, muy linda tu casa.
- Sabes que puedes venir cuando quieras. - Dijo cuando estuvimos en la puerta.
- Gracias Ana. Cualquier cosa te estoy llamando.
- Ok, adiós Cari y felicidades por tu embarazo.
- Gracias.

  Comencé a caminar mientras marcaba el número de Sebastián.

- Hola. - dijo del otro lado.
- Leí tu mensaje. - Dije mientras caminaba.
- ¿Me crees? - preguntó algo preocupado.
- Por algo te estoy llamando. - dije obvia. - ... - me quedé en silencio.
- Y...
- Y qué. - sonreí.
- ¿Vas a venir a casa?
- Si, estoy yendo para allá.
- Ok te espero.

  Paré un taxi y fui directo a casa. El taxi comenzó a conducir pero no fue por donde debía, al contrario se desvió del camino. Eso ya era extraño.

- Señor...
- ¿Sí?
- Este no es el camino. - Dije seria.
- Lo sé.
- Pues entonces...
- Te quedas callada si no quieres ser lastimada. - Dijo dando media vuelta. Y puede ver que era ese hombre de ojo de vidrio del ascensor.

Capitulo 22

*Narra Sebastián*

  Me sentía tan mal, pero Carina era tan terca que no quiso escucharme.

- Seb, amor... - dijo Ivana.
- ¿Sí?
- Debo irme.
- Ok... te llamo luego.

  Quería dejar en claro que no engañaba a Carina sólo quería hacer que Ivana confiara en mi para poder des enmascararla. Hacia un par de días noté que se comportaba muy raro y comencé a investigar. Cari tenía razón era una impostora, pero no podía conseguir las pruebas suficientes como para mostrarlas al jefe, pero aún así me mantenía alerta.  Sabía muy bien que Ivana me coqueteaba así que aproveché eso y comencé a fingir interés por ella. Pero nunca pensé que esto se saldría de las manos... Carina fue, es y será el amor de mi vida.
  Me senté en el sillón y miré el sobre que Cari me había arrojado.
  Lo tomé y comencé a leer lentamente lo que contenía, pero me detuve en una oración.
“... el embrión lleva un mes de gestación."

- ¿Embrión? Carina… está... - tiré el sobre al piso y llevé mis manos a mi cabeza. - Voy a ser padre.

  Una pequeña sonrisa apareció en mis labios. ¡Era lo más maravilloso que me estaba pasando! ¡Un niño! Tenía ganas de gritar, de expresar la felicidad que sentía. Debía ir con Cari. Debía besarla y abrazarla... decirle cuan feliz estaba y cuanto la amaba por haberme hecho el hombre más feliz del mundo.
  Fui al estacionamiento y manejé rápidamente a casa. Carina no estaba, supuse que estaría con Gabriel.

- Malena ¿Carina está aquí? - pregunté cuando ella abrió la puerta.
- No, creí que ella estaría contigo.
- Pasó algo confuso y... discutimos, se enojó.
- ¿Te contó lo de los análisis? - preguntó ansiosa.
- Acabo de leerlo.
- ¿Y bien?
- Malena... Voy a ser padre. - Dije con los ojos cristalizados.
- Te felicito Sebastián. - Dijo abrazándome. - ¿Pero dónde está Carina?
- Debo encontrarla.
- ¿Pero qué demonios hiciste?
- Ven... te contaré.

Capitulo 21

- ¡Felicidades! - Dijo la doctora sonriendo.

  Limpié mis lágrimas y con una sonrisa en la cara le dije:

- Mi esposo se va a poner muy contento cuando le muestre los análisis.
- Bueno, lo único que tienes que hacer de ahora en más es cuidarte, comer comida saludable... y venir a los controles cada mes.
- Ok. Muchas gracias doctora. - Dije parándome mientras le daba la mano.
- Un placer Carina, ya sabes, yo misma me encargaré de controlar tu embarazo.
- Gracias.

  Me despedí de la doctora y salí a la vereda.
  No podía creerlo. ¡Estaba embarazada! El bebé llevaba un mes dentro de mí y yo sin darme cuenta. En mi mente empezaba a imaginar su ropita, su cuarto, sus juguetes... Era todo tan hermoso que mis lágrimas de felicidad seguían saliendo.
  Iba a llamar a Malena para contarle, pero lo mejor me pareció ir a avisarle a Sebastián.
  Tomé un taxi. Le caería de sorpresa, con otra sorpresa.
  Mientras iba en el taxi acariciaba mi vientre y maquinaba un montón de planes para ese nuevo hijo o hija que vendría.
  Llegué al edificio y luego le pagué al taxista.
  Subí por el ascensor, pero este se detuvo en el segundo piso donde un hombre con ojo de vidrio subió. Era el mismo hombre que hacía unos meses atrás había subido en el ascensor cuando estaba con Sebastián.

- Buen día. - Dijo serio.
- Buen día. - Contesté un poco incomoda. Su presencia era perturbadora.

  Llegué al séptimo piso y bajé rápidamente.
  Caminé por el pasillo y abrí la puerta de la oficina. No había nadie. Saqué los análisis de mi bolso y los llevé en mis manos.
  Sentí unas voces en el baño y par de sombras que se veían por debajo de la puerta.
  Sin pensarlo abrí la puerta y con lo que me encontré fue... algo... Muy fuerte.

- ¡Sebastián Estevanez! - Exclamé mientras las lágrimas amenazaban con salir.
- Carina. - se separó de los labios de Ivana. - Yo... Yo... puedo explicar.
- Haber... - Dije con un hilo de voz. - Dime que debes explicarme. Seguro que yo veo alucinaciones.
- Creo que yo debo irme... - Dijo Ivana.
- No. - la frené. - Tú te quedas.
- Carina hablemos a solas.
- No quiero hablar. - dije limpiando bruscamente mis rostro. - Venía a darte una buena noticia. - Le arrojé el sobre con los análisis.
- ¿Qué es?
- ¿Por qué no lo abres? Oh, cierto... esperaré a que termines de acostarte con esta zorra. ¿Sabes qué? Me arrepiento de haberte conocido. Debí haberte matado cuando tuve oportunidad... No vales la pena Estevanez... - di media vuelta y comencé a caminar lo más rápido que pude al ascensor.
- Carina. - Me tomó del brazo.
- ¡Déjame maldito traidor! - Dije golpeándolo con todas mis fuerzas. - Vete, vete con esa zorra.
- ¿Por qué no me dejas que te explique?
- ¡JA! ¿Y todavía tienes el valor de querer explicarme algo que vi con mis propios ojos? - con toda la bronca y la impotencia que tenía le solté un cachetada. - No me busques nunca más.

  El ascensor se abrió y entré rápidamente. Toqué el botón de planta baja y la puerta se cerró antes de que él pudiese hacer algo.
  Llegué a planta baja y me puse a pensar.
  No iría a casa, sería muy obvio, Sebastián entraría y realmente no tenía ganas de seguir discutiendo, tenía miedo a que eso le hiciera mal embarazo. Desde ahora tendría que empezar a cuidarme.
  Iba a ir a la casa de mi hermano, pero era obvio que Estevanez también iría buscarme ahí. Finalmente llamé a Anabel y le pedí la dirección de su casa.
  Luego de hablar con ella, tomé un taxi y me dirigí a su casa.

Capitulo 20

- Malena, no hace falta, si el test dijo que no es no.
- Carina no seas terca ¿sí?

 Malena me llevó a un edificio muy grande el cual en el frente tenía un cartel grande que decía :
  C.G.O Clínica de Ginecología y Obstetricia.
  Entré un poco dudosa.

- Buenos días, quiero sacar un turno la Dra. Colucci, si es posible para ahora. - dijo Malena a la recepcionista.
- Están de suerte, pueden pasar, la Dra. está sin pacientes, consultorio 4, por el pasillo a la derecha. - indicó amable.
- Gracias. - Dijo Malena.

  Prácticamente me llevó a las rastras ya que me negaba rotundamente.
  Nunca antes había visitado a una ginecóloga y tenía un poco de nervios... ¿Qué tal si me quería revisar? Eso sí que iba a ser vergonzoso.
  Malena tocó la puerta del consultorio y del otro lado se escuchó un "Pase".
  Juntas entramos al consultorio y allí estaba sentada una mujer de no más de unos treinta años, llenando unas formas y otras planillas más.

- Oh, Malena ¿Qué te trae por aquí? - dijo la Dra. Colucci sonriendo.
- Vengo por unos análisis. - Dijo tomando asiento.
- ¿Para ti?
- No, son para mi cuñada Carina.
- Un gusto. - Dije dándole la mano.
- Igualmente. - Dijo tomándola. - ¿Así que tienes dudas de si estas embarazada o no?
- Yo no creo estar embarazada. En realidad es ella la que cree que estoy embarazada.
- ¿Has tenido cambios de humor?
- Ahora que me acuerdo, si... pero fueron hace mucho.
- ¿Antojos? ¿Nauseas?
- Si, mucho. - Contestó Malena por mi lo cual la fulminé con la mirada.
- Si, son los síntomas...- dijo dejando el bolígrafo en el escritorio.
- Otra cosa que también he notado es que Guillermo está muy apegada a ella. - Mencionó Malena.
- Generalmente, dicen que un niño presiente cuando una mujer está embarazada y se sienten celosos, por eso es que no quiere dejarla.
- Pero me hice un test y dio negativo.
- Perdone, pero Carina es terca. - dijo Malena riendo.
- No te preocupes, Carina. - Dijo la Dra. sonriendo - El 60% de los test de embarazos pueden salir fallidos, o pueden ser síntomas de otra cosa, no quiere decir que porque tengas un par de nauseas estés embarazada... Igual haremos un análisis rápido el cual sabrás los resultados en tres días. Así te quedas tranquila y sabrás si estas embarazada o no.
- Está bien. - acepté un poco dudosa.

  Sólo me sacaron sangre y luego la Dra. llamó a una enfermera que se llevó las muestra a un especie de laboratorio a la par del consultorio.

- Muy bien, en tres días puedes venir a retirar los resultados.
- Muchas gracias doctora. - Dijo Malena.
- Cuando quieran.

  Malena y yo salimos de la clínica y tomamos un taxi para ir a casa.


***

  Ya tenía que ir por los resultados, estaba con los nervios de punta.
  Esos tres días que habían pasado habían sido de terror.
  Sebastián y yo discutíamos por lo más mínimo y estaba más distante que nunca, por las noches teníamos relaciones pero no nos demostrábamos amor, sino todo lo contrario... Luego de terminar él solo se daba media vuelta, dándome la espalda mientras sólo me limitaba a levantarme y me iba a duchar. La relación iba de mal en peor y a mí me comenzaba preocupar. Sebastián llegaba de trabajar y no me saludaba con un beso, ni siquiera me saluda, lo único que hacía era sentarse a comer y luego iba a dormir una pequeña siesta para luego salir a trabajar.
  Le había mandado un mensaje de texto a la doctora preguntándole a qué hora debía ir a la clínica a retirar los análisis. Lo único que contestó fue " A las 15:30"
  Ya eran las 14:00 y yo aún no me cambiaba, estaba sola. Sebastián se había ido a la agencia a seguir interrogando a los Suarez ya iban como cinco días y no podían sacarle nada. Si hubiese estado yo ya habrían encontrado Russo.
  Otra cosa que también me preocupaba era Ivana, ellos estaban en peligro con ella dentro.
  Tomé un taxi y me dirigí la clínica. La recepcionista sólo me dijo que pasara que ladoctora ya me estaba esperando.
  Toqué la puerta con nerviosismo y cuando escuché la voz de Colucci “pasé”

- Buenos días Carina. - dijo sin ninguna expresión en su rostro.
- Buenos días doctora.
- ¿Estas lista?
- Si, eso creo. - Dije con dificultad.
- Yo aún no vi los resultados, me pareció que sería lo mejor si tú los vieses primero.
- Bien...
- Tranquila... - Dijo sacando un sobre color crema de un cajón. - Aquí tienes.

  Dudosa tomé el sobre y lo abrí lentamente.
  Comencé a leer con temor a lo que podía contener esos papeles.

- ¿Y bien? - dijo Colucci.

  Bajé las hojas y con un par de lágrimas amenazando con escapar de mis ojos contesté:

- Estoy embarazada... - dije con un hilo de voz

25 oct 2014

Capitulo 19

- ¿Estás loca mujer? – dijo Sebastián.
- Tenía que comprar algo.
- Pero ¿Tenías que gastar tanto dinero? – Preguntó enfurecido.
- Si, si tenía. – Dije molesta. – Y desde ahora en más dormirás en el sofá. No pienso compartir la cama con un idiota que defiende a una zorra traicionera.

  Sebastián suspiró con pesadez y subió sin nada más que decir.
  Terminé de preparar la cena y luego subí para tomar una ducha relajante. Terminé de cambiarme y me dirigí a mi habitación. Estevanez estaba recostado en la cama sin darle importancia a lo que le había dicho.

- ¿Qué haces aquí? – Dije rodeando la cama para quedar de su lado, mientras frotaba mi pelo mojado con una toalla.
- ¿No me lo decías en serio o sí? – dijo mirando con indiferencia.
- ¿Piensas que es broma? No tienes una idea de la bronca que tengo, saber que ni tu propio esposo al que amas, no te crea. ¿Sabes qué? Haz lo que quieras.

Fui al armario, busqué algo de ropa y bajé las escaleras.

- ¿A dónde piensas que vas? – Dijo Sebastián yendo por detrás mío.
- No lo sé, por ahí. – dije tomando las llaves del auto y de la casa.
- Carina vuelve aquí. – dijo molesto.

  Pero no le di ni la más mínima importancia.
  Abrí la puerta del auto y estaba punto de entrar cuando unos brazos rodearon mi cintura y me elevaron por los aires cayendo en un ancho hombro.

- Dije que no irías a ningún lado. – Dijo serio.
- ¡Estevanez, bájame! – Grité pataleando.
- Carina ya basta, vas a despertar a los vecinos.
- ¡¡Entonces bájame!!

  Sebastián comenzó a subir las escaleras mientras me cargaba dificultosamente.

- Tú te quedas aquí. – Dijo lanzándome a la cama y cayendo encima mío.
- Suéltame maldito desgraciado. – dije tratando de apartarlo de mí, pero él fue más rápido y tomó mis manos poniéndolas una a cada lado mi cabeza, mientras se subía a horcadas sobre mí.
- Amo cuando estas enojada. – Dijo mientras reía y se iba acercando más a mi rostro.
- Wowowo. – Dije parándolo. - ¿Piensas que puedes hacerte el enojado, luego defender a esa estúpida, y decirme que amas cuando me enojo? – Fruncí el ceño. - ¡Esto es el colmo! Suéltame ahora mismo antes de que…

  Sus labios me interrumpieron.
  Al principio no quería, pero luego comenzó a gustarme. Había olvidado lo rico que sabían esos labios rosas tan suaves. Poco a poco comenzó a pasear sus manos por mi cintura mientras yo posicionaba las mías en su cuello y bajaban por sus poderosos abdominales. Sus labios se movían a un compás excitante, su lengua exploraba cada rincón de mi boca.
  La ropa comenzó a desaparecer hasta quedar sin nada más que besos y caricias.


***

  Los rayos de luz del sol que entraban por mi ventana me despertaron. Miré a mi alrededor y Sebastián ya se había ido.

- Maldito seductor. – Murmuré envolviéndome entre las sábanas.

  Tomé un par de toallas y entré a ducharme. Me cambie y sali.
  El día estaba nublado, pero aún así estaba lindo para tomar un paseo por el centro de la ciudad.
  Mi estómago comenzó a rugir al pasar por una panadería donde un aroma a pan recién horneado inundaba el ambiente. -¿Pero cómo? – pensé. - ¡Acabo de desayunar! – . La tentación pudo más y entré a comprar.
  Luego de comprar unos ricos panecillos saborizados continué mi recorrido por las calles repletas de negocios.
  Vi una cabellera roja… muy familiar. Decidí seguirla para ver qué es lo que tramaba.
  Ivana camino varias calles y luego entró en un callejón oscuro. Apuré un poco el paso y decidí espiar un poco.

- La imbécil de Carina me descubrió.
- Te dije que te cuidaras. – Era la voz de un hombre el cual no podía verle la cara.
- Pero no te preocupes, nadie le creyó, la hicieron pasar por loca.
- Tuviste suerte, pero la próxima vez ten cuidado.
- Esto te mandaron mis hermanos. – dijo entregándole un paquete. – Debo irme, se supone que tenía que haber ido a buscar un par de papales.

  Rápidamente volví por donde había ido y la vi subirse a un taxi.

- Pero que idiota, la hubiese grabado. – Murmuré molesta.

  Volví rápidamente un negocio y me escondí allí. Luego de esperar unos minutos salí asegurándome bien de que nadie me hubiese visto.

- ¿Dónde crees que vas? – tomó mi brazo.
- ¡Por el amor de Dios, Malena! – dije llevándome la mano al pecho. – ¿Quieres matarme?
- Lo siento Carina, ¿no tendrías que estar trabajando?
- No me hables de eso…
- ¿Qué pasó? Si quieres vamos a almorzar por ahí, en algún restaurante y me cuentas… Guille ya tiene hambre.
- Ok vamos.

  Malena y yo nos retiramos de las calles del centro y buscamos un restaurante más o menos familiar, para ir con Guillermo.

- ¿Lo cuidas un segundo? Iré al baño. – Dijo entregándome al niño.

  Me quedé con Guille, hablándole y haciéndole muecas raras para entretenerlo.

- Mira que niño más hermoso, Hernán. – Dijo una señora de aproximadamente 50 años. – Es toda una dulzura.
- Si, que lo es. – Dije besando la pequeña mejilla del niño.
- Tu hijo es hermoso. – Dijo encantada.
- Am, si pero... – Me dejó con la palabra en la boca para después irse.
- Ya estoy. – dijo Malena llegando a la mesa.
- Buenos días, aquí les dejo el menú.
- Am… Yo ya sé que pedir. – Dije. – Tráigame una porción de papas con queso grandes, una hamburguesa doble, aros de cebolla y un burrito de pollo…. Ah, cierto. Una coca- cola light, por favor.

  Malena quedó mirándome sorprendida.

-Sólo tráigame una ensalada. – dijo ella.

  El mesero se fue y Malena dijo:

- Carina ¿Vas a comer toda esa bestialidad?
- Si, por supuesto sino no lo hubiese pedido.

***

- ¿Para qué me traes aquí? – Pregunté entrando al edificio.
-Vamos a hacerte unos verdaderos análisis para saber si estas embarazada. – Dijo tomándome el brazo.